Alabo la iniciativa privada de algunas empresas y bancos europeos, para con la ayuda a Grecia, y espero que cunda el ejemplo en las empresas y bancos de toda la Unión. Ya que creo, que es a éstos, a los que más les interesa lavar su imagen pública, después del desastre que provocaron en la economía europea. Pero para ello, lo mejor, no es hacer anuncios de televisión poco creíbles (como ellos suelen hacer) lo mejor, es que se comportaran como auténticos ciudadanos europeos y ayudaran a los países con problemas económicos de la Unión, sin poner ningún reparo en ello.
El caso de la ayuda a Grecia ha puesto en entredicho, otra vez, la identificación de los gobiernos europeos con la Unión Europea, e incluso la identificación entre las propias instituciones de ésta. Es increíble que en casos de crisis como éste (el de Grecia) se tarde tanto en llegar a un consenso entre los Estados miembros. Como decía Daniel Cohn-Bendt, hace poco, es en casos como éste, cuando alguien o algo debe crear un consenso donde no lo haya.
Además, pienso, que las reformas que le exigen los estados colegas de la Unión Europea, al presidente Papandreu, son muy difíciles de realizar en tan poco tiempo, para un Estado con serios apuros económicos, como es el estado griego. Dándole además para ello, vergonzosas ayudas a crédito, de las que sacan un beneficio de un 3% a un 5%, a costa, no de un país extranjero, sino de un Estado de nuestra Europa.
Para problemas como éstos, está claro que hay que crear un Fondo Monetario Europeo, aunque sea a costa de modificar nuestros Tratados. Porque en realidad, todos sabemos, que tanto en el terreno económico como en el político, los Tratados Europeos jamás estarán completos hasta que la Unión Europea se convierta en un único país
Estoy seguro que Grecia y todos los países europeos a los que actualmente estamos dando ayuda financiera, como Portugal o Irlanda, terminarán solucionando sus problemas económicos. El dilema moral, está, en que si la ayuda que les estamos entregando hoy , no se la estaremos dando de forma excesivamente interesada, como crueles mercaderes, en vez de darla como los buenos compatriotas europeos, que deberíamos ser.


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